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Niños y Confinamiento

Angela Gacharná    •   Emociones   •   Julio 15, 2020

Estamos enfrentándonos a tiempos difíciles. Nuestros niños, acostumbrados a la diversión, al juego, a la socialización, se ven claramente afectados por esta pandemia; niños del siglo XXI encerrados, apartados y privados de su libertad, ¿alguna vez alguien lo pensó o lo imaginó? Los niños más sobre estimulados de la historia ahora tienen que vivir la calma, el espacio cerrado, la privación, compartir el mismo espacio con sus padres 24 horas, lejos de sus amigos, lejos de sus aulas de clase, lejos de los espacios de esparcimiento, lejos de sus clases de equitación, natación, tenis, fútbol, alemán, teatro, entre otras más a las que quizá estaban acostumbrados a asistir después de las largas jornadas escolares o en los fines de semana.

Los niños ocupados ahora tienen tiempo para mirar el techo, jugar con sus juguetes, imaginar mientras toman una ducha, jugar un juego de mesa, y tienen tiempo para aburrirse.

¡La vida les cambió en un abrir y cerrar de ojos! Y es que cuando se tiene tanta estimulación, es muy difícil saber parar. Debemos ser conscientes de todo lo que esto está acarreando en la vida de nuestros niños, de la diversión y la libertad pasaron a sentirse aburridos y con miedo, pasaron a experimentar emociones con las que nunca se habían enfrentado.

Muchos le han visto la cara a la frustración, niños acostumbrados a refugiarse en sus maestros, a seguir las normas de un salón de clase, hoy pueden estar luchando contra una pantalla pues no es lo mismo levantar la mano dentro de un aula de clase presencial que en el aula virtual, no es lo mismo equivocarse o quedarse atrasado mientras el profesor está rondando su puesto, que cuando no lo ve y no lo escucha (porque le da pena interrumpir su clase); otros le han visto la cara a la soledad, al hecho de sentir que todos están en casa pero que ninguno está presente para ellos (pues la sobrecarga laboral para los padres es absurda y muchos no pueden hacer nada al respecto); algunos le han visto la cara a la tristeza, y sus lágrimas han aparecido aún sin esperarlas y sin comprender lo que pasa, pues el luto y la tristeza que hay en el ambiente les tocó a la puerta y no entienden como algo tan malo pudo aparecer para robarles su libertad y su vida pasada; muchos han tenido que luchar contra la desesperación, enfrentándose a la exigencia de muchos de sus padres no solo para que recojan sus juguetes sino para que corrijan sus tareas y las vuelvan a realizar, cumplan con un horario, se coman todo, dejen todo organizado y un sinfín de demandas; también le han visto la cara al aburrimiento, cuando ya se han visto todas las películas, series, programas, han jugado todos los juegos, y no tienen eso extra que los sobre estimule; le han visto la cara a la desmotivación, cuando la monotonía para aprender llega y los videos, la gran cantidad de tareas y la carencia de interacción con sus pares aparecen, pues recordemos que para aprender se requiere un conjunto de experiencias y de interacción que nos permite adquirir aprendizaje significativo, el aprendizaje tiene un componente emocional.

Se ve un panorama muy negativo hasta ahora y al parecer no se le ve salida alguna, pero hoy quiero exponer las grandes oportunidades que se tienen en frente y que tal vez por todas las ocupaciones no se han notado:

1.

Claramente la familia será la más beneficiada porque se podrán construir nuevas historias y reparar las rupturas que el tiempo y la distancia habrán creado. Los padres volverán a los hijos y los hijos a los padres, podrán mirarse a los ojos de nuevo en cualquier momento y en todo lugar. Podrán desempolvar los álbumes familiares o el archivo de fotos y videos que están colgados en la nube. Podrán soñar juntos con el nuevo futuro que se avecina. La familia saldrá fortalecida al ver al padre llorar y acercarse para consolarlo, podrán ver como cada uno soluciona los problemas y como emprenden nuevos caminos. Los niños salen de la casa a los 3 años, una vez comienzan su etapa preescolar (algunos salen antes a la guardería), así que ahora regresan a casa y podrán acercarse a ellos en la etapa en la que se encuentran. ¿Qué facetas nuevas se han descubierto de los hijos? ¿Qué se ha aprendido de ellos durante este periodo?, oportunidades que seguro no se volverán a tener.

2.

Oportunidades para la educación, pero no solo para la educación formal y cognoscitiva, sino para la educación emocional, aquella para la que no nos educan y que se aprende en casa, se modela del adulto y se imita. Así que, ¿qué mejor espacio que el del hogar para aprender sobre el amor, la reconciliación, el perdón, la compasión, la paciencia, la gratitud, la admiración y otros valores que los llevarán a experimentar emociones positivas, y por lo tanto a crear ambientes de paz replicables en la sociedad?

3.

Oportunidades para aprender de manera experiencial convirtiendo las casas en laboratorios experimentales o “ateliers”, logrando que los niños aprendan física, matemáticas, historia, mientras investigan como funciona un televisor, una regadera, preparan un delicioso plato de comida, escriben un cuento, etc. (Ahora es posible conectar al colegio con la familia, tomando como eje fundamental las relaciones familiares por encima de las tareas escolares).

4.

Oportunidades para fortalecer las bases espirituales, generando espacios para orar juntos en familia, compartir la palabra y hablar a los hijos acerca de Jesús no solo con palabras sino con acciones y expresiones. En momentos de estrés y preocupación, ¿qué haces? ¡Realmente es una oportunidad!

En medio del caos es posible ver con esperanza lo que está por delante y vivir el presente dando lo mejor de cada uno por los niños, porque son víctimas de esta pandemia, ¡los que más han perdido!, no hagamos que pierdan más, seamos escuderos, defensores y adultos responsables, ayudándoles a gestionar sus emociones y ayudándoles a tomar las mejores decisiones.

“La única manera de que el niño sepa que sus emociones y sentimientos son reales es tener a un adulto al lado que responda congruentemente a esas necesidades, emociones y sentimientos”, Bilbao (2015).

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